Mother with daughter getting hearing device

Crianza y Apoyo

Reacciones Comunes de los Padres

Cuando nos dicen que nuestro hijo es sordo o tiene pérdida auditiva, normalmente experimentamos una variedad de emociones: confusión, miedo, incredulidad, tristeza, enojo, duelo, alivio y culpa. Es común sentir muchas emociones diferentes, y que los miembros de la familia respondan de distintas maneras.

Para mí, la parte más difícil al principio fue el miedo a lo desconocido.
Mi hija nació antes de que existiera el Tamizaje Auditivo Neonatal. Durante meses, sabíamos que algo andaba mal. Cuando finalmente se diagnosticó su pérdida auditiva, sentí un gran alivio. Puede sonar extraño, pero estaba muy aliviada porque, a pesar de lo que su médico, mis amigos y mi familia me decían, yo sabía que algo estaba mal. Finalmente obtener un diagnóstico significó que teníamos un punto de partida. Sabíamos a qué nos enfrentábamos, y ahora podíamos comenzar a informarnos e intentar determinar cuál sería el siguiente paso.
No recuerdo nada de lo que dijeron después de la palabra "sordo". Tuve que llamar al consultorio más tarde y pedir todos los detalles de nuevo.
Me sorprendió enterarme de que tenía pérdida auditiva y sentí culpa por las posibles causas.
Estaba destrozada y en estado de shock. Recuerdo que solo podía irme a casa. No era capaz de seguir con las actividades normales del día a día. Simplemente tenía que estar en casa. Estaba hecha pedazos. La primera semana lloré mucho y desesperadamente quería hacer todo lo que estuviera en mi poder para ayudarla a escuchar.
Encuentro que la aceptación es un proceso continuo. Pude aceptar que mi hija es sorda poco después del diagnóstico. Es algo que nunca desaparece porque siempre surge un nuevo desafío que me lo recuerda una vez más.
Al principio me despertaba por la mañana y de repente recordaba: "Ah, sí, es sordo." Y me sentía mal. Todavía recuerdo esa sensación, aunque no duró mucho tiempo.
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